DÍA 1017

Los versículos vigilantes

correteaban por la iglesia.

Adelante tu lazo azul

se alzaba sobre el banco dormido.

A los lados las demás niñas

se confundían en un color sin nombre.


A una seña del párroco te acercaste

y el Hijo acampó en tu paladar.


Volviste al asiento coronada en luz.

Mi mente te pintó en otro vestido,

en otro tiempo, en una nueva tú.

Detrás de ti el padre

perdía la voz con mi apellido.





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