A Melena de Oro
Se apagó nuestro sol,
se agotó nuestro tiempo.
Y aquí me quedo, pensando:
“¿Es este el fin?
¿Son estas mis últimas palabras para ti?”.
Se mudó el día en noche,
y tú te marchaste.
Y aquí me quedo, pensando:
“¿Puede esto ser real?
¿De verdad nos hemos separado?”.
Eras el viento que elevaba mis alas;
de ti aprendí cómo volar.
A tu lado sentía
que vivía entre reyes.
¿Cómo pudo acabarse todo eso?
En fin, me despido de ti.
Pero soy eternamente tuyo,
y siempre será así.
Éramos uno solo, éramos todo,
éramos el único para el otro.
Se desbordaba de ilusiones nuestro futuro,
nada en el camino lograba ser un obstáculo.
Pero pueden cambiar los sueños
y equivocarse las visiones.
Me siento tan solo ahora…
Podría caminar sobre fuego
a cambio de un día más contigo.
Eras el ángel de mi vida.
De ti aprendí a ser libre.
Mas ahora a tus ojos soy un extraño,
y me hallo acorralado entre murallas.
Pero, en fin, me despido de ti.
Soy eternamente tuyo,
y siempre será así.
Te extraña mi corazón.
Mi amada eres,
y siempre lo serás.
Cuando miro al Este
no encuentro el amanecer;
sin embargo, tras la oscuridad
ha de surgir la luz.
Y cuando miro al Oeste
la silenciosa noche oculta todo;
¿dónde estará la luz
que pueda revelarlo
con su brillante resplandor?
Pero, en fin, me despido de ti.
Soy eternamente tuyo,
y siempre será así.
Te extraña mi corazón.
Mi amada eres,
y siempre lo serás.
Siempre,
siempre lo serás.
Mi amada,
mi pequeña niña eres,
y siempre,
siempre lo serás.

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