DÍA 40

El aire del patio se teñía 

con sinfonías de juegos y travesuras.

Tú en el banco del rincón permanecías ajena,

como extranjera de tierras vedadas,

con los párpados tiesos y la postura encogida.


Yo te busqué una lila callada

en el jardín junto al santo de madera.

La quise dejar en tus manos,

que se negaron a escucharme.


Todavía recuerdo el aroma fatal

de la figura negra que fue a recogerte.

Todavía veo tu rostro frío

recortado en la ventana de un coche

que desafiaba al atardecer encendido.






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