Bella musa, solitaria en lo cotidiano,
concédeme hoy un baile
bajo esta bóveda celestina.
Puedo leer las intenciones silenciosas en tus ojos
que se fijan en mí como un águila expectante.
Y satisfaces mi petición
y nuestros pasos retumban hasta las estrellas.
Tú, que antes pudiste apagar mis días,
¿por qué solo ahora me empujas al suplicio
de escucharte sin dejarme poseer tu voz?
Los sabios que no
mueren dicen
que el amor prefiere la brevedad.
En tu partida sin aviso
se consolida esa sentencia.
En la arena de Egipto, bajo el sol dorado,
Cleopatra, reina, un nombre venerado.
De belleza y astucia, un alma sin igual,
En su mirada, el poder, un río caudal.
Con labios de rubí y ojos de esmeralda,
Cautivaba a reyes, en cada balada.
César y Antonio, en su amor se rindieron,
Y a sus pies, imperios, con pasión cayeron.
En la serpiente, su final encontró,
Un legado de gloria, el mundo admiró.
Cleopatra, la reina, en la historia grabada,
Un símbolo de fuerza, una leyenda amada.


0 Comentarios