En la calma de mis lecturas
vuelve a mí tu recuerdo sonoro,
brillante como las amapolas,
sagrado como el vino.
Roba la paz de mi interior
y lo puebla de deseos pesados
que devoran la paciencia.
El café que se me enfría en la mano
es testigo discreto de mis meditaciones.
Tu nariz griega modela imponente
y colorea tu perfil de cera pulida.
Ah, las almohadas en tus mejillas
invocan caricias que huelen a fatalidad.
¿Quién disfruta ahora tus cantos de sirena
en el secreto sin culpas de la ducha?
¿Quién inscribirá mañana con letras de fuego
tu nombre y el suyo en un anillo eterno?

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.
.jpg)
0 Comentarios