En esta hora de plomo baila tu recuerdo perenne
entre las cadenas de la memoria.
Los rincones del salón repiten como cueva circular
el vals de tu bolígrafo;
yo me pregunto si se han dormido tus ansias de saber.
La mariposa en la ventana me reprocha con su mirada.
Afuera la algarabía del vulgo busca acaparar mi atención.
Dulcinea te decías, pero te recuerdo Beatriz.
Tu dibujo en mi cabeza es canela,
es sombra y es amanecer;
es fragancia de tierra mojada
que endereza los entuertos del ego frágil.
Déjame raptarte un minuto, llevarte más allá de las dimensiones del hombre.
Déjame burlar la realidad y convertirte en un castillo imposible.

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