De ti se escapa un suspiro
invisible como el azar.
Corre, corre la quietud
por tus huesos desbocada;
borra de ellos la voluntad.
En torno a ti
los corazones orgullosos
le abren la jaula al remordimiento.
Florecen grietas en las paredes
al son de las culpas acumuladas.
Títere de ciega fe, acoso
tu cuerpo sereno,
a la espera de un desliz delator.
A medida que la noche
va recogiendo su falda,
me convenzo de mi derrota.

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