A la cama
crucificada
sentencia irrevocable
sentencia roja
eterna
Tu mente vuela que vuela
entre túneles
hacia años de verde prosperidad
vuela que vuela
entre anhelos insonoros
hacia la deidad indiferente
Los ojos de plomo
clavados
en un encuentro rojo de agujas
Frías agujas trabajadoras perpetuas
Gritos alegres
en la calle
pasos tristes
en el corredor
El sonido de la puerta al abrirse
la presencia que se acerca
la voz que te promete
una cura contra los huesos de cristal
la maldición que decides no articular
el discurso rojo de aliento
Mujer de cristal a la cama crucificada
según tú misma el juguete predilecto
del sádico omnipotente Observador
tu última oración cuelga de la punta de la pluma

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