Margarita blanca, tus palabras de antaño,
frágiles como espigas, las arrancó Cronos
con sus garras sordas. Tus promesas, tus juramentos,
perdidos todos en la memoria etérea.
Una ventana se abre en el hilo del destino
y mis ojos impertinentes, ojos ansiosos,
corren a asomarse. Contemplo estupefacto,
estupefacto soporto la conquista de tu vientre,
nido ahora de un pirata invisible.
Blanca, blanca margarita,
bajo tu máscara de arcilla
latió siempre un azabache.

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

0 Comentarios