COMPAÑERO

 Postrada en la cama, Julieta quiso acariciar por última vez aquel rostro melancólico que había amado hasta los huesos. Él se inclinó para abrazarla, y entonces el cuchillo perforó su cuello. Ella soltó el arma y expiró feliz, sabiendo que no se iba a marchar sola.




Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

0 Comentarios