Recostada con tus piernas de tijera,
recibes entre los pétalos de carne
el constante —constante— martillear
que manifiesta los anhelos primitivos;
que reproduce las ficciones censuradas
—calladas—, en la realidad material.
A un paso de distancia
el Edén y sus frutos.
Se aparece el espasmo involuntario
—impertinente—: presagio certero
de la savia blanca, savia en tropel
que en la red estéril —intransigente—
queda atrapada sin apelación.

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

0 Comentarios