EL PRÍNCIPE

El rey espera en la puerta.

En la calle, sobre el asiento delantero de la bicicleta, también está el rey. Imberbe, con ojos todavía brillantes, pero con la identidad intacta.

¿A dónde irán hoy?: ¿al bosque para mirar las ardillas que se columpian en los árboles?; ¿a la fuente donde piden deseos?; ¿al parque en el que vuelan cometas?

¿A dónde, princesa?

El rey escucha los pasos detrás de él. Siente el beso en la mejilla. La ve alejándose hacia la bici, colocándose su casco de flores y ocupando el asiento libre.

—¿A dónde, princesa?

Una breve respuesta, un rugido del motor, y la motocicleta se marcha hacia reinos prohibidos.

El rey permanece en la puerta.

En sus huesos siente finalmente el cumplimiento de una ley ineludible.




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