FÜR THERESE

A Pinkie DH


Therese, aquí estoy con las manos en el piano y el alma entre las musas. Una pieza me pediste, y desde entonces he gastado cada segundo en componerla para ti. Sin embargo, las notas no me obedecen; se escabullen cuando intento entretejerlas en la melodía perfecta.

El frío de la noche comienza a penetrar mis huesos.

Esta nota no sirve; otra. Esa tampoco. Necesitan más encanto, más color.

No es esta una tarea sencilla, pero tú lo vales. Si la pieza no es digna de ti, mejor que ni siquiera sepas de su existencia. La zapatilla debe adecuarse al pie; y el tuyo es dulce y delicado.

Un sol intenso me abrasa. ¿Ha llegado ya el verano?

Si vieras el festín de papeles que tengo por todo el suelo… Mas no puedes, porque estás en tu alcoba, no aquí. De seguro te meces, preguntándote si he olvidado mi compromiso. ¡Cómo quisiera decirte que no!; pero no puedo ir a verte con las manos vacías.

No recuerdo tantas arrugas en mis dedos, ni que las cortinas estuviesen tan descoloridas.

¿Servirá una bagatela? No, la brevedad no va contigo.

La ventana de enfrente me muestra un cortejo fúnebre. Entre la multitud logro distinguir a tus honorables padres y a tus hermanos, esos chiquillos que tanto adoran escuchar mis composiciones. Faltas solamente tú, Therese. ¿Dónde estás?

Otra hoja al suelo. ¡No me sale nada! ¿Me han lanzado acaso una maldición? Las notas se niegan a escucharme.

¡Ah, la expresión de tu rostro cuando escuches esto...! Me impaciento por verla. Tal vez te sorprenda descubrir que mi cabello se ha emblanquecido y que la fuerza se me ha ido de los miembros.

Pero todavía no he terminado; no he hecho más que empezar. Ahora mis oídos apenas si logran diferenciar los sonidos entre sí. De todos modos, no faltaré a mi palabra.

Ya no hay un techo en esta casa destartalada que me pueda cubrir de la lluvia. Sin embargo, voy a continuar.

Pronto…, pronto lo conseguiré.





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