LA ESPOSA FIEL

 Tejer, tejer… ¿Podrán sus manos descansar alguna vez? El engaño no le durará para siempre, lo sabe; aun así, no le queda más que intentarlo.

El viento se cuela por la ventana. Estremecida, con el cabello revuelto, se levanta a correr la cortina.

Al llegar se detiene.

Ante sus ojos se extiende el mar misterioso. El mismo mar que se llevó a su esposo y que no se lo ha querido devolver. ¿Acaso disfruta viéndola sufrir? Casi le parece escuchar cómo se ríe de ella.

Una barca surge de repente en el horizonte. El pulso se le acelera. Está a punto de salir del palacio en dirección a la playa, cuando descubre que no son más que restos de madera perdidos en el agua.

—¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo, amado mío?

Nadie le responde.

Ignorada, se le deshacen los ojos en lágrimas. El cuerpo entero le vibra de dolor. Es la agonía de una madre, de una esposa, de una mujer que cambiaría todo por el calor ausente.

—Vuelve, te necesito —suplica, pero sus palabras se ahogan en el aire.

¿Qué hizo para que los dioses la castiguen así? Sacrificaría cada animal de su reino a cambio del perdón.

Con un esfuerzo sobrehumano contiene el llanto y regresa a su labor.

Tejerá, tejerá… Tejerá hasta olvidarse del tiempo. Tal como en los últimos diez años.





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